lunes, 10 de julio de 2017

Literatura Argentina I. La identidad en la Literatura Argentina

 La búsqueda de la Identidad en la Literatura Argentina
¿Cómo encarar el tópico de la identidad nacional desde la literatura? Diferentes disciplinas y ciencias han intentado esta tamaña tarea en un constante intento de definir y caracterizar el “ser argentino”. La filosofía, la política, las manifestaciones artísticas musicales y de diversa índole han incursionado en este tópico.
¿Podremos desde la literatura colaborar en un esbozo de respuesta? Los invitamos a recorrer este post para reflexionar, pensarnos juntos, repasar hechos y obras que nos acerquen a un punto de encuentro que luego pueda volverse un motivo para seguir sumergiéndonos en este fascinante mundo que es la literatura argentina.  
Una literatura se configura como tal cuando, a lo largo del tiempo, un conjunto de obras –integrante de un determinado entorno geográfico, lingüístico y social- se organiza en un todo coherente cuyos rasgos distintivos definen y expresan, a través de la lengua compartida, las peculiaridades de la cultura y la identidad de una nación.
Por tratarse la literatura de una práctica social, los vaivenes de la historia impactan en ella, y al ser la escritura el soporte material e intelectual de la cultura, cada escritor entabla en su proceso de producción escritural una confrontación abierta o encubierta con las tensiones de su época.
En el recorrido atravesado en el estudio de la literatura nacional vemos una constante en cada obra analizada: la violencia como marca característica y fundacional. Para ilustrar esta afirmación, haremos un recorrido referencial por algunas obras que consideramos más representativas. 
¿Cómo hacemos la selección de las obras literarias? Generalmente se opta por las obras canónicas, es decir textos que por su valor estético y su impacto sociocultural, han sido reconocidos a lo largo del tiempo por la crítica académica, público, instituciones e industria como los nudos centrales de la literatura argentina.
Pero un libro canónico no es solo el que se busca para releer sino el que provoca la relectura y llena al lector de preguntas, incluso cada lector va elaborando su propio canon a lo largo de la vida. Es decir que en toda lectura hay un principio de placer pero también de necesidad u obligación.
Entre las obras canónicas argentinas se encuentran en la literatura de la Colonia las crónicas del Río de la Plata y como textos ineludibles del siglo XIX El MataderoFacundo y  Martin Fierro.

Crónicas
Cuando iniciamos el análisis de las crónicas encontramos con un corpus literario marcado por tópicos repetitivos: el hambre, el anonadamiento, la naturaleza violenta que recibe a los hombres para despojarlos totalmente de su dignidad y se desencadenan hechos que son narrados con un detalle que transmite la desesperación y el fracaso. Los cronistas miraron a América con una lente deformante al hiperbolizarla como tierra paradisíaca, pero lo que el europeo encontró en el Río de La Plata no se parecía en nada a lo paradisíaco, lo que provoca su desengaño surgido del enfrentamiento de sus expectativas con la realidad. La naturaleza, el hambre y la antropofagia desvanecen la gloria imperialista. 



La Argentina ha sido y es un país en perpetua búsqueda, por esa geografía vasta e inabarcable y ese doble origen por un lado el español y por otro la base india que tantas veces fue objeto de marginación como también testimonio de la derrota. Como cita Víctor Massuh aquí está el origen del “mal” argentino, crecimos avergonzados de nuestros orígenes y educados en el ocultamiento, quisimos esconder el pasado indígena y colonial. De ahí la precaria base de nuestra identidad.

Luis de Miranda, en su Romance Elegíaco nos narra en verso la responsabilidad de los capitanes de la empresa por las desgracias sufridas en la expedición de Mendoza. Detallando los terribles actos que presenció cuando el hambre y la sed atacaron a los exploradores sumiéndolos en una decadencia humana atroz, cuando el canibalismo empieza a ser practicado por los mismos españoles. La naturaleza es personificada como una mujer cruel, viuda, traidora, desleal, enemiga del marido, manceba. El cuerpo de la mujer es territorializado, representación elegida, propia del discurso patriarcal masculino y europeo, visión imperialista integrándolo de este modo al proyecto de exploración y conquista. Esta tierra femeneizada somete a los conquistadores a tormentos nunca vistos, invierte los roles en la jerarquía etnicas, raciales y genéricas. 
 Los conquistadores cuando llegaron traían su valentía y junto a ella su desprecio al trabajo, entre espejismos y anhelos los buscadores de oro, que creían que la riqueza flotaba en los ríos, se dieron con que el oro era  patrimonio de los indígenas, que se habían ocupado de extraerlo. El sueño expresado en las crónicas, cartas, romances elegiacos era llegar y hacer fortuna en poco tiempo, pero esas ilusiones desmesuradas al llegar al Rio de la Plata se convirtieron en frustración. La frustración es uno de los móviles de la violencia que se genera en este proceso de conquista. 
Tal vez como menciona Graciela Scheines son los sueños desmesurados, resabios de las locas ilusiones de los conquistadores, los que convierten a la historia en un vaivén de euforias y frustraciones.
Quizás el más claro y objetivo de estas narraciones haya sido Ulrico Shmidl, quien en su detallada descripción de la expedición de Mendoza logra transmitirnos todas las penosas circunstancias que atraviesan los exploradores entregados a la suerte del hambre y el sitio al que los sometieron los indígenas. 

Si hacemos una proyección a dos obras contemporáneas de esta temática nos encontramos con el Entenado de Juan José Saer, quien de forma sublime nos narra los avatares de un joven que vivirá diez años con la tribu colastiné a orillas del Paraná y en un verdadero relato antropológico y filosófico Saer nos muestra "una posición de no pertenencia desde la que narra (...) y que tiene su raíz en la no identificación con los valores de la civilización europea" (PONS:232) Esto constituiría una de las más claras diferenciaciones y tomas de posición e identidad en nuestra literatura, aunque se exprese en una proyección contemporánea, sigue siendo importante en nuestro recorrido.
Otro testimonio contemporáneo de esta búsqueda identitaria lo constituye Río de las Congojas de Libertad Demitrópolus que da vida al mestizo Blas de Acuña y María Muratore, quienes en un triángulo amoroso con Juan de Garay como tercero pondrá en evidencia la realidad de las clases subalternas de la conquista española: las mujeres y los mestizos, tan vinculados unos con otros en su origen en esta América que se forjó en base a violaciones y desigualdades. Desde esta realidad, histórica y literaria, María Muratore será una "heroína trágica que organiza su vida para alcanzar el amor de Garay, aunque solo logra encender su deseo (...) es una mujer libre y su vida se convierte en un alegato a la igualdad, hasta alcanzar ribetes de leyenda". (BELLOMO:210)

Dicotomía, exclusión y violencia
Otros de los factores de la identidad Argentina es la peculiar mentalidad divisoria, creada por los intelectuales del país en el siglo XIX, en la que se enmarcó la primera  idea de la Argentina, legado ideológico de exclusión y división, antes que idea nacional unificadora.
En el Facundo prevalece la interpretación de la realidad argentina que tiene Sarmiento, que incluye desde el texto, un modelo ideológico  (civilización- barbarie) de la realidad social, desde la que intenta movilizar al ciudadano, y fundamentar su tesis sobre la necesidad de un cambio de esa sociedad bárbara y cruel del tirano que mantiene a su país bajo el terror,  incentivando un proyecto de progreso.
En el capítulo uno se ofrece la geografía de la barbarie como un territorio de la negatividad, como un ámbito donde la civilización no está. El vacio, la ausencia de límites, son las categorías espaciales a que el autor apela para describir  la geografía Argentina. Sarmiento plantea que al no haber una sociedad reunida toda clase de gobierno se hace imposible. La barbarie se define en este registro negativamente por carencia.
“Allí la inmensidad por todas partes: inmensa la llanura, inmensos lo bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre incierto”.
En la introducción del libro Sarmiento se refiere a la “biografía” de Facundo Quiroga, con la que dice ha querido explicar la revolución argentina.
…”en Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina”…
Sarmiento inscribe el personaje de Facundo en el paradigma de lo extrahumano, lo animal, lo salvaje, la barbarie.

Se señala la ferocidad de Quiroga ya cuando en la primera escena, en su encuentro con el tigre, se destaca su afinidad con el animal y se identifica a Facundo con la fiera salvaje.
También a él lo llamaron tigre de los llanos, y no le sentaba mal esta denominación (…) han demostrado las relaciones que existen en las formas exteriores y las disposiciones morales, entre la fisonomía del hombre y de algunos animales, a quienes se asemeja en su carácter.” (Cap. V)
Facundo rechaza toda sumisión a la autoridad social constituida. La figura paterna y el magister son abofeteados cuando intentan castigarlo y se muestra la rebeldía de quien no admite depender. 
En su pubertad su carácter se hace “más sombrío, más imperioso, más selvático”. “La carrera gloriosa de las armas se abría para él  (…) con sus instintos de destrucción y  carnicería.” (…)  una carrera a su modo, asociando el valor y el crimen.”
Según Sarmiento, Rosas para gobernar  hace uso de los hombres que más temor inspiran como Facundo, ya que esta es la manera de proceder de los gobiernos débiles y violentos.
Facundo bajo el sobrenombre de “Tigre” de los llanos, muestra su carácter salvaje y dominante, que infunde miedo a la gente. Dado que la imagen que Sarmiento quiere dar de Quiroga es la de un caudillo desafiante, incapaz de soportar la disciplina o el yugo.  Demostrando así que “la sociedad en que nacen da a estos caracteres… de terribles, sanguinarios malvados “… (Cap. V). Sarmiento  presupone que estudiando la vida de Quiroga podremos comprender el gobierno de Rosas.

El Matadero
El Matadero de Esteban Echeverría es una observación crítica de la sociedad  y una denuncia de la política de gobierno rosista.
Matasiete es el carnicero del matadero de la Convalecencia, un degollador de unitarios, que con su poder puede decidir la vida o la muerte.
El carnicero del matadero al igual que Facundo es  hábil y experimentado con el puñal, en el ámbito rural, cosa que después cambia en el caso de Facundo cuando se encuentra en la ciudad, donde su carácter se suaviza.
Ambos personajes son respetados en sus ámbitos, debido a generan cierto terror y violencia, esto lo vemos en el episodio con el toro y  el unitario.
 “Matasiete era un hombre de pocas palabras y mucha acción. Tratándose de violencia, de agilidad y destreza en el hacha, el cuchillo o el caballo, no hablaba y obraba.”  “Matasiete empezó sonriendo a pasar el filo de su daga por la garganta del caído”
Matasiete en el matadero es el brazo armado de Rosas, es la metáfora del régimen rosista. A diferencia de Facundo donde Sarmiento trata de  explicar la problemática de la realidad nacional, estudiando la vida de Quiroga, para comprender el régimen rosista.
Facundo es un caudillo que no soporta el yugo, “no conoció sujeción de ningún género”, lleva el sello declarado de la barbarie, mientras Matasiete sigue las órdenes del juez., es decir del rosismo.
En ambos personajes se critica a un sistema basado en el campo, la sangre y la violencia. El llano y el matadero aparecen como las sedes del autoritarismo y la violencia del poder. El Matadero tematiza el peligro de internarse en su territorio, pero también alude a la amenaza del desborde hacia la ciudad.
Aquí se intenta ser más realista y no verosímil, dado que Echeverría quiere realizar una crítica a la sociedad decadente en la que se encuentra.
Martín Fierro
Otras de las consecuencias de la conquista fue el surgimiento del gaucho, un gaucho guacho, huérfano, hijo de india y español, con padre ausente. En una cultura donde  saber quién es nuestro padre es tener una identidad, si vamos a la parte etimología patria proviene de pater que significa padre, de ahí tal vez que la dificultad de arraigo, el sentirse extraño en la propia patria y la obsesión por la identidad nacional, sea consecuencia de esa sensación de orfandad que arrastramos desde la Colonia.  
Este gaucho, será un personaje fundamental en el proceso de emancipación y en las luchas por la independencia de nuestro país. Serán ellos quienes pondrán su cuerpo al servicio de la causa patriótica para luego caer en un olvido producto de la modernización del estado y su inadecuación en el nuevo paradigma político. 

Y sin embargo, es un hito insoslayable a analizar en la búsqueda de esta identidad en la que nos embarcamos. En la Ida de Martín Fierro, Hernández muestra a Fierro como un  paisano gaucho, un sujeto cultural, que tiene hogar, hacienda, un ser sedentario peón establecido en su rancho con su familia, pero se hace un gaucho matrero, un gaucho neto, jugador, pendenciero enemigo de la disciplina, para defenderse de la justicia abusiva e injusta. Hernández  escribió en defensa del gaucho, nos cuenta las peripecias que sufre la vida del gaucho  como consecuencia de la ley injusta y el estado opresor. Los cantos de 1872 son cantos de denuncia, aquí se acusa al gobierno, de no darle derechos ni libertad al gaucho.  “Y que  usted quiera o no quiera/ lo mandan a la frontera”.

También se aprecia el pasaje de ser un paisano, a un gaucho desertor y rebelde. “tuve  en mi pago en un tiempo/ hijos, hacienda, y mujer/pero empecé a padecer/me echaron a frontera/ ¡Y que iba a hallar al volver!/ tan solo hallé la tapera” “yo juré en esa ocasión/ser más malo que una fiera”  Fierro mata a un moreno y a una partida de policías y  abandona junto a Cruz la civilización rural que lo expulsa al territorio indio (La Ida).
Según Ludmer  es la militarización del sector rural, el surgimiento del gaucho patriota, es decir el uso militar del delincuente gaucho y el uso de su voz por la cultura letrada, lo que permite el acceso del registro verbal de los gauchos al estatuto de lengua literaria, su única representación escrita.
El Martín Fierro se trata de una poesía social, es el uso de la voz del gaucho individual en el que vuelve la relación del gaucho cantor que cuenta su historia a un auditorio que se reconoce en ella.
La voz que canta entra en la literatura escrita, las voces oídas van ascendiendo a la escritura en la voz del gaucho. En la Ida se establece la identidad entre la voz del cantor, su palabra y la voz del gaucho. Se utiliza un comienzo tradicional “Aquí me pongo a cantar” la figura del cantor y del protagonista se superponen, lo que se canta es lo que se cuenta como vivido. “tuve en mi pago en un tiempo”…
Es decir que se proyecta hacia el canto el ámbito rural, las costumbres y personajes típicos del campo. Es Hernández quien pone en labios de un cantor el relato de un gaucho que simboliza un pueblo y una clase social.  “recuerdo! ¡Qué maravilla!/cómo andaba la gauchada/siempre alegre y bien montada”.
En Martín Fierro el gaucho reproduce la marginación que sufre en los sujetos subalternos similares a él, como cita Pérez, Julián  mantiene una relación conflictiva  y violenta con otras subculturas.
Al negro y al indio se los consideraba  excluidos del proyecto nacional, al indio por ser salvaje y al negro por pertenecer a una raza inferior. Se replica los principios de exclusión del programa de la civilización. Fierro provoca y mata un Moreno. “a los negros hizo el diablo/para tizón del infierno” “y se me vino al humo/ y un golpe le acomodé”
 La descripción del territorio indígena es devastadora, son crueles, brutales, inhumanos, salvajes y viven del saqueo o el robo. “he visto en ese destierro/ aun salvaje que se irrita/degollar a una chinita/y tirársela a los perros”
Se representa a la mujer como débil y vulnerable, Fierro se juega la vida por defender una cautiva frente al indio salvaje y habla con compasión de su mujer cuando por necesidad se fue a vivir con otro, no la condena moralmente. “Y la pobre de mi mujer/Dios sabe cuánto sufrió/me dicen que se voló con no se qué gavilán.”
El gringo para Fierro es el intruso que viene a disputar la pampa, se lo describe como un tipo flojo y llorón, no se sabía si era cristiano hay una actitud xenófoba de parte del gaucho hacia el inmigrante. “ era un gringo tan bozal, que nada se le entendía/ quien sabe de ande sería! Tal vez no juera cristiano/ pues lo único que decía/ es que era papo-litano”
En el Martin Fierro hay una dualidad en discurso del gaucho, en la Ida y la Vuelta, porque hay un cambio contextual político en el autor, en la ida Fierro se enfrenta a su sociedad y en la vuelta se somete a ella.
En la vuelta Fierro el  gaucho neto que se reencuentra con sus hijos y Picardía,  encuentra su camino de regreso a una sociedad que lo rechazaba, se hace paisano gaucho. Hernández modifica su forma de pensar, la situación política ha cambiado, él ocupa un cargo y Sarmiento su enemigo no es más presidente. Fierro se separa de sus hijos y propone integrarse a la sociedad con otra identidad. En los últimos cantos se dan cantos moralizantes y de domesticación, a diferencia de la Ida, se reivindica el trabajo. “Debe trabajar el hombre/para ganarse su pan”
El ideal político del autor se aprecia en los últimos cantos. “Debe el gaucho tener casa/escuela, Iglesia y derechos”. El gaucho se ha integrado a la sociedad, ha dejado de pelear. Hernández saca a Fierro de su ciclo de rebeldía y enfrentamiento, para traerlo al seno de la sociedad.