La búsqueda de
la Identidad en la Literatura Argentina
¿Cómo encarar
el tópico de la identidad nacional desde la literatura? Diferentes disciplinas
y ciencias han intentado esta tamaña tarea en un constante intento de definir y
caracterizar el “ser argentino”. La filosofía, la política, las manifestaciones
artísticas musicales y de diversa índole han incursionado en este tópico.
¿Podremos desde
la literatura colaborar en un esbozo de respuesta? Los invitamos a recorrer
este post para reflexionar, pensarnos juntos, repasar hechos y obras que nos
acerquen a un punto de encuentro que luego pueda volverse un motivo para seguir
sumergiéndonos en este fascinante mundo que es la literatura argentina.
Una literatura
se configura como tal cuando, a lo largo del tiempo, un conjunto de obras
–integrante de un determinado entorno geográfico, lingüístico y social- se
organiza en un todo coherente cuyos rasgos distintivos definen y expresan, a
través de la lengua compartida, las peculiaridades de la cultura y la identidad
de una nación.
Por tratarse la
literatura de una práctica social, los vaivenes de la historia impactan en
ella, y al ser la escritura el soporte material e intelectual de la cultura,
cada escritor entabla en su proceso de producción escritural una confrontación
abierta o encubierta con las tensiones de su época.
En el recorrido
atravesado en el estudio de la literatura nacional vemos una constante en cada
obra analizada: la violencia como marca característica y fundacional. Para
ilustrar esta afirmación, haremos un recorrido referencial por algunas obras
que consideramos más representativas.
¿Cómo hacemos
la selección de las obras literarias? Generalmente se opta por las obras
canónicas, es decir textos que por su valor estético y su impacto
sociocultural, han sido reconocidos a lo largo del tiempo por la crítica
académica, público, instituciones e industria como los nudos centrales de la
literatura argentina.
Pero un libro
canónico no es solo el que se busca para releer sino el que provoca la
relectura y llena al lector de preguntas, incluso cada lector va elaborando su
propio canon a lo largo de la vida. Es decir que en toda lectura hay un
principio de placer pero también de necesidad u obligación.
Entre las obras
canónicas argentinas se encuentran en la literatura de la Colonia las crónicas del
Río de la Plata y como textos ineludibles del siglo XIX El Matadero, Facundo y Martin
Fierro.
Crónicas
Cuando
iniciamos el análisis de las crónicas encontramos con un corpus literario
marcado por tópicos repetitivos: el hambre, el anonadamiento, la naturaleza
violenta que recibe a los hombres para despojarlos totalmente de su
dignidad y se desencadenan hechos que son narrados con un detalle que transmite
la desesperación y el fracaso. Los cronistas miraron a América con una
lente deformante al hiperbolizarla como tierra paradisíaca, pero lo que el
europeo encontró en el Río de La Plata no se parecía en nada a lo paradisíaco,
lo que provoca su desengaño surgido del enfrentamiento de sus expectativas con
la realidad. La naturaleza, el hambre y la antropofagia desvanecen la gloria
imperialista.
La Argentina ha sido y es un país en perpetua búsqueda, por esa geografía vasta e inabarcable y ese doble origen por un lado el español y por otro la base india que tantas veces fue objeto de marginación como también testimonio de la derrota. Como cita Víctor Massuh aquí está el origen del “mal” argentino, crecimos avergonzados de nuestros orígenes y educados en el ocultamiento, quisimos esconder el pasado indígena y colonial. De ahí la precaria base de nuestra identidad.
La Argentina ha sido y es un país en perpetua búsqueda, por esa geografía vasta e inabarcable y ese doble origen por un lado el español y por otro la base india que tantas veces fue objeto de marginación como también testimonio de la derrota. Como cita Víctor Massuh aquí está el origen del “mal” argentino, crecimos avergonzados de nuestros orígenes y educados en el ocultamiento, quisimos esconder el pasado indígena y colonial. De ahí la precaria base de nuestra identidad.
Luis de
Miranda, en su Romance Elegíaco nos narra en verso la responsabilidad de
los capitanes de la empresa por las desgracias sufridas en la expedición de
Mendoza. Detallando los terribles actos que presenció cuando el hambre y la sed
atacaron a los exploradores sumiéndolos en una decadencia humana atroz, cuando
el canibalismo empieza a ser practicado por los mismos españoles. La naturaleza
es personificada como una mujer cruel, viuda, traidora, desleal, enemiga del
marido, manceba. El cuerpo de la mujer es territorializado, representación
elegida, propia del discurso patriarcal masculino y europeo, visión
imperialista integrándolo de este modo al proyecto de exploración y conquista.
Esta tierra femeneizada somete a los conquistadores a tormentos nunca vistos, invierte
los roles en la jerarquía etnicas, raciales y genéricas.


Los
conquistadores cuando llegaron traían su valentía y junto a ella su desprecio
al trabajo, entre espejismos y anhelos los buscadores de oro, que creían que la
riqueza flotaba en los ríos, se dieron con que el oro era patrimonio
de los indígenas, que se habían ocupado de extraerlo. El sueño expresado en las
crónicas, cartas, romances elegiacos era llegar y hacer fortuna en poco tiempo,
pero esas ilusiones desmesuradas al llegar al Rio de la Plata se convirtieron
en frustración. La frustración es uno de los móviles de la violencia que se
genera en este proceso de conquista.
Tal vez como
menciona Graciela Scheines son los sueños desmesurados, resabios de las locas
ilusiones de los conquistadores, los que convierten a la historia en un vaivén
de euforias y frustraciones.
Quizás el más
claro y objetivo de estas narraciones haya sido Ulrico Shmidl, quien en su
detallada descripción de la expedición de Mendoza logra transmitirnos todas las
penosas circunstancias que atraviesan los exploradores entregados a la suerte
del hambre y el sitio al que los sometieron los indígenas.


Si hacemos una
proyección a dos obras contemporáneas de esta temática nos encontramos con el
Entenado de Juan José Saer, quien de forma sublime nos narra los avatares de un
joven que vivirá diez años con la tribu colastiné a orillas del Paraná y en un
verdadero relato antropológico y filosófico Saer nos muestra "una
posición de no pertenencia desde la que narra (...) y que tiene su raíz en la
no identificación con los valores de la civilización europea" (PONS:232)
Esto constituiría una de las más claras diferenciaciones y tomas de posición e
identidad en nuestra literatura, aunque se exprese en una proyección
contemporánea, sigue siendo importante en nuestro recorrido.


Otro testimonio
contemporáneo de esta búsqueda identitaria lo constituye Río de las Congojas de
Libertad Demitrópolus que da vida al mestizo Blas de Acuña y María Muratore,
quienes en un triángulo amoroso con Juan de Garay como tercero pondrá en
evidencia la realidad de las clases subalternas de la conquista española: las
mujeres y los mestizos, tan vinculados unos con otros en su origen en esta
América que se forjó en base a violaciones y desigualdades. Desde esta realidad,
histórica y literaria, María Muratore será una "heroína trágica
que organiza su vida para alcanzar el amor de Garay, aunque solo logra encender
su deseo (...) es una mujer libre y su vida se convierte en un alegato a la
igualdad, hasta alcanzar ribetes de leyenda". (BELLOMO:210)
Dicotomía,
exclusión y violencia
Otros de los
factores de la identidad Argentina es la peculiar mentalidad divisoria, creada
por los intelectuales del país en el siglo XIX, en la que se enmarcó la primera
idea de la Argentina, legado ideológico de exclusión y división, antes
que idea nacional unificadora.
En
el Facundo prevalece la interpretación de la realidad
argentina que tiene Sarmiento, que incluye desde el texto, un modelo
ideológico (civilización- barbarie) de la realidad social, desde la que
intenta movilizar al ciudadano, y fundamentar su tesis sobre la necesidad de un
cambio de esa sociedad bárbara y cruel del tirano que mantiene a su país bajo
el terror, incentivando un proyecto de progreso.


En
el capítulo uno se ofrece la geografía de la barbarie como un territorio de la
negatividad, como un ámbito donde la civilización no está. El vacio, la
ausencia de límites, son las categorías espaciales a que el autor apela para
describir la geografía Argentina. Sarmiento plantea que al no haber una
sociedad reunida toda clase de gobierno se hace imposible. La barbarie se
define en este registro negativamente por carencia.
“Allí la inmensidad por todas partes: inmensa la
llanura, inmensos lo bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre
incierto”.
En
la introducción del libro Sarmiento se refiere a la “biografía”
de Facundo Quiroga, con la que dice ha querido explicar la revolución
argentina.
…”en Facundo Quiroga no veo un caudillo
simplemente, sino una manifestación de la vida argentina”…
Sarmiento
inscribe el personaje de Facundo en el paradigma de lo extrahumano, lo animal,
lo salvaje, la barbarie.
Se señala la ferocidad de
Quiroga ya cuando en la primera escena, en su encuentro con el tigre, se
destaca su afinidad con el animal y se identifica a Facundo con la fiera
salvaje.
“También a él lo
llamaron tigre de los llanos, y no le sentaba mal esta denominación
(…) han demostrado las relaciones que existen en las formas exteriores y las
disposiciones morales, entre la fisonomía del hombre y de
algunos animales, a quienes se asemeja en su carácter.” (Cap. V)
Facundo rechaza
toda sumisión a la autoridad social constituida. La figura paterna y el
magister son abofeteados cuando intentan castigarlo y se muestra la rebeldía de
quien no admite depender.
En su pubertad su carácter
se hace “más sombrío, más imperioso, más selvático”. “La carrera
gloriosa de las armas se abría para él (…) con sus instintos de
destrucción y carnicería.” (…) una carrera a su modo, asociando el
valor y el crimen.”
Según
Sarmiento, Rosas para gobernar hace uso de los hombres que más temor
inspiran como Facundo, ya que esta es la manera de proceder de los gobiernos
débiles y violentos.
Facundo
bajo el sobrenombre de “Tigre” de los llanos, muestra su carácter salvaje y
dominante, que infunde miedo a la gente. Dado que la imagen que Sarmiento
quiere dar de Quiroga es la de un caudillo desafiante, incapaz de soportar la
disciplina o el yugo. Demostrando así que “la sociedad en que nacen da
a estos caracteres… de terribles, sanguinarios y malvados “… (Cap. V). Sarmiento presupone que
estudiando la vida de Quiroga podremos comprender el gobierno de Rosas.
El Matadero
El Matadero de Esteban Echeverría es una
observación crítica de la sociedad y una denuncia de la política de
gobierno rosista.
Matasiete es el carnicero del matadero de la Convalecencia, un degollador de unitarios, que con su poder puede decidir la vida o la muerte.

Matasiete es el carnicero del matadero de la Convalecencia, un degollador de unitarios, que con su poder puede decidir la vida o la muerte.

El
carnicero del matadero al igual que Facundo es hábil y experimentado con
el puñal, en el ámbito rural, cosa que después cambia en el caso de Facundo
cuando se encuentra en la ciudad, donde su carácter se suaviza.
Ambos
personajes son respetados en sus ámbitos, debido a generan cierto terror y
violencia, esto lo vemos en el episodio con el toro y el unitario.
“Matasiete
era un hombre de pocas palabras y mucha acción. Tratándose de violencia, de
agilidad y destreza en el hacha, el cuchillo o el caballo, no hablaba y
obraba.” “Matasiete empezó sonriendo a pasar el filo de su daga
por la garganta del caído”
Matasiete
en el matadero es el brazo armado de Rosas, es la metáfora del régimen rosista.
A diferencia de Facundo donde Sarmiento trata de explicar la problemática
de la realidad nacional, estudiando la vida de Quiroga, para comprender el
régimen rosista.
Facundo
es un caudillo que no soporta el yugo, “no conoció sujeción de ningún
género”, lleva el sello declarado de la barbarie, mientras Matasiete sigue
las órdenes del juez., es decir del rosismo.
En
ambos personajes se critica a un sistema basado en el campo, la sangre y la
violencia. El llano y el matadero aparecen como las sedes del autoritarismo y
la violencia del poder. El Matadero tematiza el peligro de internarse en su territorio,
pero también alude a la amenaza del desborde hacia la ciudad.
Aquí
se intenta ser más realista y no verosímil, dado que Echeverría quiere realizar
una crítica a la sociedad decadente en la que se encuentra.
Martín Fierro
Otras de las
consecuencias de la conquista fue el surgimiento del gaucho, un gaucho guacho,
huérfano, hijo de india y español, con padre ausente. En una cultura donde
saber quién es nuestro padre es tener una identidad, si vamos a la parte
etimología patria proviene de pater que
significa padre, de ahí tal vez que la dificultad de arraigo, el
sentirse extraño en la propia patria y la obsesión por la identidad nacional,
sea consecuencia de esa sensación de orfandad que arrastramos desde la
Colonia.
Este gaucho,
será un personaje fundamental en el proceso de emancipación y en las luchas por
la independencia de nuestro país. Serán ellos quienes pondrán su cuerpo al
servicio de la causa patriótica para luego caer en un olvido producto de la
modernización del estado y su inadecuación en el nuevo paradigma
político.


Y sin embargo, es un hito insoslayable a analizar en la búsqueda de esta identidad en la que nos embarcamos. En la Ida de Martín Fierro, Hernández muestra a Fierro como un paisano gaucho, un sujeto cultural, que tiene hogar, hacienda, un ser sedentario peón establecido en su rancho con su familia, pero se hace un gaucho matrero, un gaucho neto, jugador, pendenciero enemigo de la disciplina, para defenderse de la justicia abusiva e injusta. Hernández escribió en defensa del gaucho, nos cuenta las peripecias que sufre la vida del gaucho como consecuencia de la ley injusta y el estado opresor. Los cantos de 1872 son cantos de denuncia, aquí se acusa al gobierno, de no darle derechos ni libertad al gaucho. “Y que usted quiera o no quiera/ lo mandan a la frontera”.
También se
aprecia el pasaje de ser un paisano, a un gaucho desertor y rebelde. “tuve
en mi pago en un tiempo/ hijos, hacienda, y mujer/pero empecé a padecer/me
echaron a frontera/ ¡Y que iba a hallar al volver!/ tan solo hallé la tapera”
“yo juré en esa ocasión/ser más malo que una fiera” Fierro mata a un
moreno y a una partida de policías y abandona junto a Cruz la
civilización rural que lo expulsa al territorio indio (La Ida).
Según
Ludmer es la militarización del sector rural, el surgimiento del gaucho
patriota, es decir el uso militar del delincuente gaucho y el uso de su voz por
la cultura letrada, lo que permite el acceso del registro verbal de los gauchos
al estatuto de lengua literaria, su única representación escrita.
El
Martín Fierro se trata de una poesía social, es el uso de la voz del gaucho individual en el que
vuelve la relación del gaucho cantor que cuenta su historia a un auditorio que
se reconoce en ella.
La voz que
canta entra en la literatura escrita, las voces oídas van ascendiendo a la
escritura en la voz del gaucho. En la Ida se establece la identidad entre la
voz del cantor, su palabra y la voz del gaucho. Se utiliza un comienzo
tradicional “Aquí me pongo a cantar” la figura del cantor y del
protagonista se superponen, lo que se canta es lo que se cuenta como vivido. “tuve
en mi pago en un tiempo”…
Es decir que se
proyecta hacia el canto el ámbito rural, las costumbres y personajes típicos
del campo. Es Hernández quien pone en labios de un cantor el relato de un
gaucho que simboliza un pueblo y una clase social. “recuerdo! ¡Qué
maravilla!/cómo andaba la gauchada/siempre alegre y bien montada”.
En Martín
Fierro el gaucho reproduce la marginación que sufre en los sujetos subalternos
similares a él, como cita Pérez, Julián mantiene una relación
conflictiva y violenta con otras subculturas.
Al negro y al
indio se los consideraba excluidos del proyecto nacional, al indio por
ser salvaje y al negro por pertenecer a una raza inferior. Se replica los
principios de exclusión del programa de la civilización. Fierro provoca y mata
un Moreno. “a los negros hizo el diablo/para tizón del infierno” “y se me
vino al humo/ y un golpe le acomodé”
La
descripción del territorio indígena es devastadora, son crueles, brutales,
inhumanos, salvajes y viven del saqueo o el robo. “he visto en ese
destierro/ aun salvaje que se irrita/degollar a una chinita/y tirársela a los
perros”
Se representa a
la mujer como débil y vulnerable, Fierro se juega la vida por defender una
cautiva frente al indio salvaje y habla con compasión de su mujer cuando por
necesidad se fue a vivir con otro, no la condena moralmente. “Y la pobre de
mi mujer/Dios sabe cuánto sufrió/me dicen que se voló con no se qué gavilán.”
El gringo para
Fierro es el intruso que viene a disputar la pampa, se lo describe como un tipo
flojo y llorón, no se sabía si era cristiano hay una actitud xenófoba de parte
del gaucho hacia el inmigrante. “ era un gringo tan bozal, que nada se
le entendía/ quien sabe de ande sería! Tal vez no juera cristiano/ pues lo
único que decía/ es que era papo-litano”
En el Martin
Fierro hay una dualidad en discurso del gaucho, en la Ida y la Vuelta, porque
hay un cambio contextual político en el autor, en la ida Fierro se enfrenta a
su sociedad y en la vuelta se somete a ella.
En la vuelta
Fierro el gaucho neto que se reencuentra con sus hijos y
Picardía, encuentra su camino de regreso a una sociedad que lo rechazaba,
se hace paisano gaucho. Hernández modifica su
forma de pensar, la situación política ha cambiado, él ocupa un cargo y
Sarmiento su enemigo no es más presidente. Fierro se separa de sus hijos y
propone integrarse a la sociedad con otra identidad. En los últimos cantos se
dan cantos moralizantes y de domesticación, a diferencia de la Ida, se
reivindica el trabajo. “Debe trabajar el hombre/para ganarse su pan”
El ideal
político del autor se aprecia en los últimos cantos. “Debe el gaucho tener
casa/escuela, Iglesia y derechos”. El gaucho se ha integrado a la
sociedad, ha dejado de pelear. Hernández saca a Fierro de su ciclo de rebeldía
y enfrentamiento, para traerlo al seno de la sociedad.

